Por encima de todo, seré la heroína de mi propia historia, no la víctima wao esto es digno de compartir.

Ser la heroína o la víctima depende de nuestra actitud ante las cosas. Aunque nos cueste, debemos pensar en nosotros mismos y no permitir que vulneren nuestros derechos.

A menudo suele decirse aquello de que en la vida solo se tienen dos opciones: ser héroe o ser víctima. Sin embargo, no hace falta llegar a estos sutiles extremos.

Por encima de todo, seré la heroína de mi propia historia, no la víctima wao esto es digno de compartir.

Por encima de todo, seré la heroína de mi propia historia, no la víctima wao esto es digno de compartir.

Basta, sencillamente, con ser uno mismo.

Ahora bien, también sabemos que, a veces, el complicado desafío de ser uno mismo choca con los intereses de los demás.

La convivencia no es fácil pero, a pesar de las dificultades y las posibles desavenencias, jamás debemos caer en el abismo de ser víctimas de nuestras propias historias, de nuestros mapas personales.

Por más doloroso que pueda parecer, es un proceso tan natural como necesario. Pero debido a nuestro temor al cambio, sólo nos atrevemos a cambiar cuando nuestro sufrimiento es mayor que nuestro miedo. Es hora de afrontar los contratiempos con humildad, desarrollar la objetividad y la sabiduría para poder tomar las decisiones adecuadas en cada momento.

Los golpes de la vida son quienes nos enseñarán a resilientes. Si no somos capaces de dar voz a nuestras necesidades y respuesta a nuestros vacíos, seremos como náufragos a la deriva en estos mares tan complicados.

Así pues, recuerda: sé siempre tú mismo. Sé el héroe de la historia que desees contar a los tuyos el día de mañana.

Cuando dejas de ser la protagonista de tu propia historia

Esta realidad es muy común en las mujeres. Son muchas las que, poco a poco, dejan de ser protagonistas de su propia vida. No obstante, lo más complejo es que lo hacen por amor, por cariño a los suyos.

Victimismo o protagonismo

Las mujeres que creen que la vida está regida por la suerte, el azar y la casualidad, y las que saben por experiencia que existe la ley de la causa y el efecto, por la que una termina recogiendo lo que siembra. Y en definitiva, las que piensan que serán felices cuando la vida les sonría y las que han descubierto que la vida empieza a sonreírles cuando aprenden a ser felices.

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